imagen LA CANTANTE CALVA

Sesenta y siete años después de su estreno en París, en 1950, La Cantante Calva, primera obra dramática de Eugène Ionesco y ejemplo nítido del teatro del absurdo llega al Festival de Teatro de San Javier. Una gran comedia que es en sí misma una tragedia. Una obra que nació a partir de las sentencias reveladoras de un manual para aprender inglés y que rebelan nuestro automatismo colectivo, una obra que a través de sus sinsentidos es un fiel reflejo de las sociedades modernas y muestra el absurdo de nuestras acciones que llenan nuestro día a día. Una obra de amplia visión de futuro. La intriga planea en este texto ensoñador, sobre el encuentro de dos parejas en un palacete caduco y algo rancio, al que se une una sirvienta fogosa y disparatada y un bombero en busca de un fuego inexistente. El absurdo de esa cantante calva, que en ningún momento aparece en la obra, provoca la risa más turbadora. Una obra a la que hay que acercarse sin buscar explicaciones. Una obra de juegos sin sentido que nos traslada a un mundo de soledad y aislamiento, de parloteo constante, de intento de volver a empezar.

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