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Un homenaje a las familias de cómicos ambulantes que hace muchos años viajaban de pueblo en pueblo con sus maletas repletas de trajes, maquillaje, sombreros y decorados para contar historias y divertir a personas de cualquier clase social o nacionalidad. Esos hombres y mujeres que sentaron las bases de un oficio que todavía hoy es difícil e incomprendido. El oficio que, lejos de los grandes teatros, las cámaras, las televisiones o el glamour de los grandes estudios de Hollywood, se abre paso a duras penas, día a día, en cualquier lugar gracias al duro y anónimo trabajo de los “cómicos”. En numerosas ocasiones la función se interrumpe, para hacer más real esa improvisación de la barraca circense. Son ocasiones en las que los actores aprovechan para interactuar con el público, haciendo la función más amena.

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